El poder de las palabras: los desastres no son naturales

 El poder de las palabras: los desastres no son naturales

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Los desastres naturales no existen. Los desastres son siempre el resultado de las acciones y las decisiones humanas. Conceptualizarlos como naturales ha propiciado incontables discusiones desde hace siglos. Como cuando Jean-Jacques Rousseau le escribió a Voltaire con motivo del terremoto de Lisboa en 1755: “convenga usted que la naturaleza no construyó las 20 mil casas de seis y siete pisos, y que, si los habitantes de esta gran ciudad  hubieran vivido menos hacinados, con mayor igualdad y modestia, los estragos del terremoto hubieran sido menores, o quizá inexistentes”. 

Casi 300 años después, sin embargo, es usual encontrar el término desastre natural en la literatura, la academia e incluso dentro del ámbito laboral relacionado a la reducción del riesgo de desastres (RRD). Una encuesta realizada por la iniciativa británica #NoNaturalDisasters (#LosDesastresNoSonNaturales) evidenció que el 92% de quienes trabajan en el campo de RRD ha escuchado a sus colegas utilizar el término desastre natural.  

“El uso de la palabra “natural” para describir los desastres puede dar la impresión de que estos son inevitables y que las acciones humanas pueden hacer muy poco para prevenir o mitigar sus impactos”, ha afirmado al respecto y en reiteradas oportunidades Mami Mizutori, Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. 

“Debemos asociar el desastre con lo cotidiano: vulnerabilidad, pobreza, marginalización. Los desastres no es algo fortuito que cae del cielo”, aseguró Allan Lavell, doctor en geografía económica y Premio Sasakawa 2015, durante su participación en el webinar #LosDesastresNoSonNaturales desde los espacios de trabajo. “Hay muchas palabras que usamos comúnmente y que transmiten la misma noción que ‘desastres naturales’, como utilizar sismos, inundaciones y tormentas como ejemplos de desastres, cuando estos son solamente eventos que contribuyen a daños y pérdidas. Se ha enlazado desastre con eventos”, añadió.




Más que ser un tema semántico, el cambio de concepto forma parte de una comprensión más profunda de los desastres y los fenómenos naturales; es también un paso hacia adelante en el desarrollo de la buena gobernanza del riesgo. “Decir que los desastres son naturales aboga por restar responsabilidad a la gobernanza, que suministra justamente los mecanismos para incidir en las variables de exposición, vulnerabilidad y capacidad”, explicó Raúl Salazar, jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Oficina Regional – Las Américas y El Caribe (UNDRR).  

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres (2015-2030) también destaca a la gobernanza como una de las principales claves para gestionar los riesgos. “El fortalecimiento de la gobernanza del riesgo de desastres para la prevención, mitigación, preparación, respuesta, recuperación y rehabilitación es necesario y fomenta la colaboración y las alianzas entre mecanismos e instituciones en la aplicación de los instrumentos pertinentes para la reducción del riesgo de desastres y el desarrollo sostenible”. La buena gobernanza es el foco del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres de este año, a conmemorarse el próximo 13 de octubre.  

Rodrigo Mena, Investigador del ISS de Erasmus University of Rotterdam, otro participante del webinar #LosDesastresNoSonNaturales desde los espacios de trabajo, fue también enfático en asegurar que los desastres son naturales exime de responsabilidad a los espacios de poder y se culpa, en su lugar, a la naturaleza o a voluntades divinas”.  

Esta comprensión de la construcción social del riesgo, de acuerdo con Claudia Herrera, Secretaria Ejecutiva del Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana (CEPREDENAC), es fundamental para “una cultura de prevención en la región”.  

Si desea más información sobre el webinar #LosDesastresNoSonNaturales desde los espacios de trabajo, acceda a este enlace. 


“Los recuerdos que nos quedan por vivir”

Renato Cisneros - 02/11/2019 a las 12:28

1. Eres el único de nosotros que lleva el nombre de papá, Luis Federico. Nunca te gustó del todo, ¿no?

Sí me gusta, pero de niño era difícil llevar ese nombre. Todavía lo asocio más con el viejo que conmigo. Pocas personas me llaman así. Ser Luis era más simple, hasta que una mañana sentí una voz que me llamó Federico. Fue como un despertar.

2. ¿Recuerdas nuestros juegos de chicos?

Fue nuestro mejor momento. Recuerdo todos los juegos (“Los perros”, “La escuelita”…), las imitaciones, las carreras alrededor de la piscina, los partidos de fútbol en cualquier lado de la casa y las peleas de box. Te estaré siempre agradecido por eso. Si volvemos a venir a la tierra, pediré que seas mi hermano otra vez.

3. Tenías 13 años cuando murió papá. ¿Qué produjo en ti esa orfandad tan temprana?

Uf, una explosión. Produjo todo lo que vino después. Me refugié en el silencio y la escritura. Cada cosa que llegó fue también una especie de refugio. Con el tiempo su ausencia agudizó mi sensibilidad, la comprensión de esta vida y la que viene después. Fue el evento que me lanzó a la adolescencia.

4. No recuerdo haberte visto llorar ni entonces ni después.

Lloré contigo varias veces. Recuerdo una durante la fogata de mi primer retiro, en la cancha de fútbol, año 96. Te entregué una vela en medio de toda mi promoción dándote las gracias por haber estado ahí. Nos quebramos.

5. Estudiaste Comunicaciones por presión familiar. Si pudieses volver atrás, ¿qué te habría gustado estudiar?

Presión familiar: tú y mi mamá. Me gustó la carrera, pero no me llenó. Estudiar música o artes escénicas en ese momento parecía ‘yuca’, me faltó creérmela. Necesitaba tiempo. Si pudiera retroceder, les pediría eso: tiempo, espacio.

6. ¿Te molestó que, al morir papá, me convirtiera en un padre sustituto?

Papá no murió. Trascendió este plano. Su espíritu sigue vivo. La muerte es una gran ilusión, es solo el principio del gran misterio. En ese momento hicimos lo que pudimos para seguir remando; a ti te tocó madurar aceleradamente. Todos nos perdimos en ese tránsito. Lo importante es habernos encontrado.

7. Nunca terminaste de leer mi novela La distancia que nos separa. ¿Te aburrió, te disgustó? ¿Te parece que fui injusto?

La terminaré. Varios pasajes me han encantado. Otros me hicieron llorar. Te agradezco la investigación, pero siento que fuiste un poco lejos con varios personajes y situaciones. Abriste de nuevo una herida que nos tomó muchos años aprender a curar. O quizá estaba mal curada y por eso se abrió. Me alegra que a miles de lectores la novela los haya inspirado.

8. Nunca te he preguntado por qué te convertiste al vegetarianismo.

A través del yoga y la meditación me acerqué al reino del alma, la paz interior, la no violencia. De a pocos la práctica me inspiró a vivir en armonía. Al cambiar la dieta la salud mejora. Tu mente se abre, tus células sanan. Uno se vuelve más compasivo, más pacífico.

9. Viviste mucho tiempo en Cusco. ¿Qué te dio esa experiencia?

Me permitió conocerme mucho más, sentirme más libre, más expandido. Me conecté con el universo, la naturaleza, la Madre Tierra.

10. ¿Cómo haces ahora para lidiar con Lima?

Volver no era parte del plan, pero Lima todavía tenía bastante por enseñarme. Para vivir en armonía, donde sea que esté, practico meditación, yoga, danza, música. Procuro pasar tiempo en la naturaleza pero he aprendido a disfrutar de la adrenalina y del caos viajando en bicicleta.

11. ¿Qué ocurre en ti cuando meditas? ¿Qué logras?

Limpiar las impurezas de la mente, reducir el karma negativo, alinear mi energía, tomar consciencia de lo vivido. Actualizo mi ADN. Ecualizo mi mente diluyendo aspectos obsoletos del ego y la personalidad. Es maravilloso. Ayuda a despertar la consciencia.

12. Acabas de cumplir 38. ¿Cómo es convivir con mi mamá a esta edad?

Esta última convivencia ha sido más retadora, ha estado llena de complicidad y contrastes que nos ayudan a sanar y darnos cuenta de que siempre podemos mejorar. Es como hacer una maestría donde todo es pura práctica. Un curso intensivo para escucharse y comprenderse con paciencia.

13. ¿Te interesa la paternidad?

Más que traer hijos al mundo, me interesa llegar a ser mi propio padre, comandar mi espíritu con sabiduría y ayudar a otros a encontrarse.

14. Hicimos muchas cosas juntos de niños. ¿Qué nos falta hacer?

Conversar más. Compartir más momentos con tu hija. Practicar yoga otra vez. Recorrer algún camino inca, ir juntos a la selva, realizar un viaje familiar. En fin, fabricar todos los recuerdos que podamos. //
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La vida nunca será suficiente para hacer más de lo que pudimos hacer de niños, una mirada retrospectiva siempre nos dará motivaciones para realizar muchas más cosas con tu hermano, construir recuerdos agradables, y por que no también los otros, total serán recuerdos de los cuales podríamos reírnos, finalmente todos ellos juntos serán la construcción de las personas que seremos de viejos. HERMANO, FABRIQUEMOS LOS RECUERDOS QUE PODAMOS, JUNTOS.
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Anatomía de una derrota

Anatomía de una derrota
Alberto Vergara, 06/10/2019 a las 05:30

“El lunes 30 de setiembre, el Congreso condensó en una sola jornada toda esta trayectoria de insinceridad y arbitrariedad”. 

If we cry now, we’ll just be ignored
Leonard Cohen

“El lunes 30 de setiembre, el Congreso condensó en una sola jornada toda esta trayectoria de insinceridad y arbitrariedad”. (Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Más allá de lo que cada uno considere sobre la constitucionalidad de la disolución del Congreso efectuada por el presidente Martín Vizcarra, lo innegable es que existe una controversia sobre ella. Yo tiendo a pensar que la pelota no salió completamente de la cancha constitucional. Pero no hay VAR jurídico. Me parece razonable que alguien considere que sí se fue al lateral de la constitucionalidad. La prueba es que el “El País” y “The Economist”, dos medios internacionales comprometidos con la democracia, discrepan moderadamente en su diagnóstico. Según el primero, el orden constitucional se mantiene intacto y el segundo afirma que el acto es cuestionable pero que no hay un golpe de Estado. Es, entonces, razonable discrepar sobre la cuestión legal.

Si esto es así, ¿por qué los congresistas se quedaron pronto sin apoyos? Es decir, la situación es suficientemente ambigua en lo legal como para disputarla políticamente. Sin embargo, perdieron. Pedro Olaechea no ha sido consecuente con la retórica del golpe de Estado y ha rechazado asumir funciones adicionales a la de disuelto congresista, avalando así al presidente; el secretario general de la OEA felicitó la designación del canciller Meza-Cuadra; no hemos visto una sola movilización en favor del Congreso; y hasta la Confiep que, en caliente, denunció la ruptura democrática, rapidito enmendó y su presidenta alabó a varias nuevas ministras, instando a que tiendan puentes con el empresariado, puentes que todos esperamos no sean encargados al ‘club de la construcción’. Y notemos que el Cristo Morado, a pesar de toda su misericordia, este año no se detendrá frente al Congreso. Entonces, nadie apoya a los congresistas, aun cuando, insisto, hay espacio jurídico para argumentar contra la disolución. Más que la victoria del presidente, debemos explicar la derrota rápida y rotunda del Congreso.

“La principal causa de la mala escritura –sentenció Orwell– es la ausencia de sinceridad de quien escribe”. Es así. La prosa se oscurece cuando hay que encontrar mañas retóricas para defender lo que deseamos pero resulta inconfesable. Tal es el problema que ha corroído nuestra democracia. La falta de sinceridad, la mala fe, la hipocresía, atrofiaron el debate público. El remolino simultáneo del escándalo Odebrecht y de Los Cuellos Blancos arrastró a la locura a casi todo nuestro elenco político. El propósito mayor de líderes y secuaces fue evitar la cárcel. Un juego criminal que debió jugarse con disfraz político.

Entonces cuaja un simulacro de democracia. Si no podemos negociar en público nuestros intereses, la democracia está herida. En estos años, tras la cascarita del discurso político ha actuado maciza la razón criminal. No se puede tener una democracia con semejante desencuentro entre lo que cacareo y lo que necesito. En público son congresistas y en privado ‘codinomes’. Por eso nuestra real ágora es un audio. Y el mejor analista político, un penalista.

Las iniciativas legales de la turba fujiaprista fueron instrumentos politiqueros: intentar regular a los medios, procurar elevar los requisitos para la inscripción de nuevos partidos, atrofiar vía ley la atribución constitucional de la confianza, amenazar a las encuestadoras, utilizar la Comisión de Ética como picana eléctrica, proteger a Donayre, Hinostroza, Chávarry, y un largo etcétera de acciones que transparentaron que para el Congreso las leyes eran trámites para facilitarles la vida a los amigos y arruinársela a los enemigos. La ley como literalidad pendeja y nunca como institución para arbitrar legítimamente a la sociedad.

Y los peruanos conocemos eso. Todos hemos padecido a ese burócrata que nos mece, solicita nuevos requisitos, arrastra los pies… para él la ley no es una institución, es una ganzúa para coimear. Nadie me lo recuerda más que la congresista Bartra: tras sus legajos e incisos, plazos, sellos y copias certificadas, se percibe clarito que busca degollar a las instituciones en el altar del procedimiento.

John Rawls, uno de los principales teóricos del liberalismo en el siglo XX, definió a una sociedad ordenada como aquella que posee una idea común y pública de la justicia. El Congreso, en cambio, demostró una y otra vez que buscaba una justicia particular y planeada en la clandestinidad. Es decir, para seguir la lógica rawlsiana, nos empujaba hacia una sociedad desordenada.

El lunes 30 de setiembre, el Congreso condensó en una sola jornada toda esta trayectoria de insinceridad y arbitrariedad. Le trancaron las puertas al primer ministro Del Solar, le negaron la palabra en primera instancia, rechazaron discutir la cuestión de confianza para votar algo que contradecía explícitamente su contenido, para cuatro horas después declarar que, en realidad, la propuesta del Ejecutivo era muy razonable y que le otorgaban la confianza. Es decir, pusieron en escena una vez más su guion: la insinceridad y leguleyada merendándose a la institucionalidad. Y murieron como vivieron.

Este acto final hubiera resultado desagradable por sí solo, pero el liderazgo a cargo de su ejecución desató la ira nacional. Pedro Olaechea manejó la sesión sin tino. Cometió uno de los peores errores de un político: confirmó prejuicios. Se puso gamonal. La escena de Olaechea bien echadote en su escaño sin ponerse de pie para dialogar con el primer ministro Del Solar seguramente fue festejada en el chat de sus broders de la promo, pero el resto del Perú reconoció patanería. La televisión no transmitía la sesión a peones obligados a aplaudir. Y el ridículo ante la prensa internacional ha sido monumental. No entiende ni un país de ciudadanos ni un mundo global.

Y cual si se tratase de una tradición de Ricardo Palma, a Pedro Olaechea se sumó Mercedes Araoz. Se retiró de la vida pública a lo grande. ¿Hay algún papelón más grande en la historia nacional contemporánea? ¿Las apariciones públicas de Toledo borracho? Pero son bochornosas, no son la vergüenza de quien obnubilado por quién sabe qué fuerzas confunde la realidad y se manda el discurso, la juramentación, el himno y, ay, la sacada de cuerpo apenas unas horas después. En fin, hizo lo mismo que Olaechea, confirmó prejuicios. En su caso, el de encarnar la frivolidad.

En resumen, a la razón lumpen, el 30-S agregó la razón hacendada y la razón frívola. Casi la definición misma de lo antirrepublicano. El Congreso, entonces, perdió porque la ley no vive en el vacío sino en un contexto. Y ese contexto señala que desde hace tres años –y lo demostraron el 30-S– para la mayoría legislativa la ley no es sino la codificación de la criollada. ¿Qué podría ser más rechazado?

La última vez que escribí aquí hace dos meses argumenté que, aunque no me gustaba la propuesta de adelanto de elecciones generales, era lo mejor para el país. Y hoy queda claro que lo era. No cargaríamos con el precedente dañino de una disolución de Congreso por vía de la confianza. Como ha escrito Ignazio de Ferrari, cerrar el Parlamento jamás es razón para júbilo. Pero el Congreso rechazó la salida pactada. Es más, siguió amenazando con la vacancia. Y ahora acusan al presidente de dictador. El exótico caso del dictador que quería dejar el poder. Hoy lo mejor sigue siendo que el presidente deje el poder, lo que señalaría que la disolución solo puede ser un acto extremo. Pero ahora el margen legal es escaso. La Comisión Permanente está impedida de reformar la Constitución y el Congreso que asumirá a inicios del 2020 no tendrá interés en desaparecer.

Ahora nos toca permanecer vigilantes. El presidente gobernará con decretos de urgencia y eso hay que mirarlo con lupa. Con todo lo que hemos visto en estos años, yo ya no confío en nadie. Nuestros políticos son culpables hasta que demuestren lo contrario. Que el Cristo Morado nos haga el milagro de constatar la honestidad.

¿Cómo se mide? A propósito de los juegos Lima2019

GUSTAVO RODRÍGUEZ
ESCRITOR Y COMUNICADOR
31.08.2019 / 11:30 pm
https://elcomercio.pe/opinion/rincon-del-autor/mide-gustavo-rodriguez-noticia-ecpm-670932

Me reúno con un funcionario del Estado cuya misión es promover la cultura peruana en otros países y, luego de escuchar sus retos, se me graba tal vez el mayor de todos: cómo justificar ante el Ministerio de Economía y Finanzas las inversiones de promoción para nuestras artes. Cómo medir un posible retorno. Qué indicadores usar. Cómo convencer al cajero de que suelte dinero para algo tan gaseoso como el procesamiento de las emociones.

Cómo me gustaría ser poeta y saltador de garrocha para irrumpir estruendoso por las ventanas del MEF y recitarles algo que afloje sus engranajes, que los devuelva a la niñez incontaminada, que los conmueva para permitirse cierta heterodoxia. Preguntarles cómo mides la sonrisa embobada de un niño extranjero que ve a un danzante de tijeras irrumpir en su centro comercial; cómo calculas ese germen inyectado, la inquietud por conocer esta tierra mágica con un espinazo andino, los viajes que algún día hará con sus amigos.

Cómo mides la fantasía de una adolescente lejana que se topa con bellísimos telares tejidos por manos que existieron dos mil años antes de su presencia en ese museo; cómo conviertes en un dígito sus ganas de cubrir su inseguridad con ese hermoso traje que un artista peruano ha diseñado inspirado en sus ancestros.

Cómo mides la reacción de una pareja canadiense que de puro aburrida sintoniza la inauguración de unos Juegos Panamericanos y se enfrenta de golpe con una riqueza como la nuestra; cómo dimensionas su asombro al ver unos caballos bailar marinera, cómo calculas la extensión de sus bocas abiertas cuando Juan Diego Flórez canta con todo el aire que cabe en su pecho, cómo le sigues el ritmo a sus pies una vez que se contagian de la cumbia peruana.

Cómo mides el orgullo de un niño que ha crecido en nuestro valle del Mantaro al ver en cadena nacional, mientras las tribunas rugen, ese huaylarsh bien zapateado que se contrasta con las tristes historias de su abuelo al que ninguneaban en Lima por ser serrano; con qué vara se mide una autoestima que crece, qué medidor existe para calibrar las consecuencias de que ahora ese niño salga a pasear con sus padres vistiendo la blanquirroja.

Cómo mides los litros de lágrimas de esos peruanos que vieron los Panamericanos desde el extranjero, cómo dimensionas la nostalgia convertida en orgullo, cómo aquilatas esas ganas de salir a las calles nevadas y decir soy peruano, carajo, y no soy menos que nadie, porque vengo de un país que mueve montañas.

Cómo se mide la envidia que nos tienen nuestros vecinos, cómo calculas sus extraordinarios esfuerzos por imitar lo mejor que tenemos para que, con el tiempo, terminen añadiéndole más fama a lo que hacemos.

Cómo se mide la imaginación que se incuba en cabezas lejanas cuando se lee un cuento, un poema o una novela peruana; el giro que da una mente cuando cambia su noción primariosa de llamas pastando frente a la Catedral de Lima por la de un país complejísimo; cómo se mide el hueco que dejaría en el mundo la no existencia de Vallejo, Ribeyro, Varela, Arguedas o Vargas Llosa; el vacío de los escritores que vendrán, el de esos cronistas contemporáneos que son nuestros cineastas, el de esos agentes de viaje que son nuestros cocineros.

Cómo se mide, díganme, cómo se mide.

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¿Cómo se mide?, pregunta que nos hacemos quienes no pertenecemos al MEF, pero pertenecemos al Perú.
Creo intuir que no todo se puede convertir en fórmulas y por ende en dinero, finalmente.
No quiero parafrasear a Gustavo Rodríguez, pero, ¿cómo se miden las emociones y el sentimiento de todos quienes lloramos por la emoción desbordada que sentimos y que a partir de allí nos propusimos ser mejores cada día para "crecer con el Perú"? se entiende, pero no se mide.

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“Vizcarra es el ejecutor precipitado de una necesidad”

https://elcomercio.pe/politica/felipe-portocarrero-suarez-martin-vizcarra-ejecutor-precipitado-necesidad-noticia-ecpm-671403

El sociólogo retoma el rectorado de la Universidad del Pacífico. Sus reflexiones condensan una mirada multidisciplinaria de la cotidianidad: gobierno, élites, educación, filantropía, informalidad
José Carlos Requena, 02.09.2019 / 08:20 am



“El Perú es un país trunco”, dice Felipe Portocarrero en los minutos previos a la entrevista. Junto al politólogo Alberto Vergara, acaba de presentar el libro “Aproximaciones al Perú de hoy desde las ciencias sociales”, un conjunto de textos que procuran abordar la actualidad nacional desde distintas disciplinas. Tras truncarse por unos momentos, la conversación se reanuda.

— ¿Trunco en qué sentido? ¿Qué le falta?
Es un país inacabado, es un país en construcción; un país –digamos– en gerundio: haciéndose, construyéndose.

— Y, sin embargo, forjado sobre una roca…
¿Por qué el Perú no implosiona? Ya implosionamos. El conflicto armado con Sendero fue una implosión. ¿Por qué no implosiona con más estruendo ahora? Un ciudadano, común y silvestre, se dice: en qué referente jurídico, político y normativo puedo tener fe. Y no lo encuentra.

— ¿Es un problema de élites? 
El concepto de élite es muy ambiguo y, además, tiene una carga ideológica negativa muy fuerte. Cuando hablas de deportistas de élite o de grupos de élite en las Fuerzas Armadas, no hay ningún problema. Pero cuando vas al campo social y dices “élite” se encienden los sensores.

— Nadie se asume como élite… 
Ayer vi un experimento social. Me lo hicieron cuando ingresé a la PUCP, tenía 17 años. El profesor nos preguntó: “¿A qué clase social pertenecen?”. La respuesta del 95% fue…

— Clase media…
[Asiente] Era lo “correcto”. Es un mecanismo de defensa psicosocial. Si se utiliza el concepto de élite descriptivamente, se podría decir que las élites en el Perú han fracasado. Basadre decía que no teníamos élites auténticas. Un adjetivo fuerte, pero él lo explica largamente. La universidad, como formadora de los grandes cuadros profesionales –no solamente en el Perú, sino también todo el mundo– no está haciendo su tarea bien.

— Dijiste que la política se había descalabrado. ¿Desde la academia se puede solucionar este descalabro? 
En el libro, hay un artículo de Aldo Panfichi y Juan Dolores sobre la representación política: el agotamiento clásico de representación política y los nuevos roles que adquiere la participación de la sociedad civil. No hay soluciones mágicas. No tenemos un proyecto aspiracional, un ideal de república –para utilizar el concepto que utiliza mucho Alberto [Vergara]–, que nos haga sentir parte de. No tenemos un relato de país, carecemos de una narrativa que nos estimule, que nos inspire, que nos haga crecer en nuestras convicciones, que nos dé ganas de comprometernos. El desafío para los políticos es cómo logramos producir una narrativa que vaya incorporando, por ejemplo, esta saludable lucha contra la corrupción.

— Los regímenes autoritarios nos daban alguna narrativa… 
Claro, pero es autoritaria, impuesta, no es participativa. Las versiones más autoritarias necesitan crear aparatos de apoyo. Esa es la creación de un intelectual o un político. Martín Luther King inicia su famoso discurso: “I have a dream”. Las palabras que se utilizan más en el discurso político estadounidense: freedom, America y hope (esperanza). No tenemos un sueño, no tenemos una esperanza. Pero, otra vez, la roca que te digo que no se ve: ese es el Perú sumergido.

— ¿Y de qué está hecha esa roca?
De nuestra historia, de nuestra complicada, abigarrada, entrelazada, inadvertida historia que no entendemos por las velocidades de los cambios por esta “modernidad líquida”, como decía [Zygmunt] Bauman. La historia [entendida] no como un museo de hechos pasados. La gran habilidad de [Fernando] Belaunde es que encontró un sentido. Si ves a la generación del 900, José de la Riva-Agüero, Víctor Andrés Belaunde, Julio César Tello: todos ellos tenían esa visión. Todo eso ha ido desapareciendo.

— En el libro hay nuevas miradas. ¿Invitan a la esperanza?
A nuevas interpretaciones para decodificar.

— En esas interpretaciones, ¿hay esperanza?
Hay un libro que se llama “España invertebrada” que podría ser un lindo título para el Perú: “Perú, país invertebrado”. No hay forma de encontrar esperanza si no deconstruyes al monstruo. Lo que suele ocurrir es que nos deslizamos imperceptiblemente hacia el desaliento y la perdida de fe con nuestras propias interpretaciones. Estamos en el pantano. Pero hay ramas a las cuales aferrarse. Lenta y progresivamente podemos seguir saliendo. 

— Estamos por llegar al segundo bicentenario. ¿Crees que estamos mejor en esta etapa que hace cien años?
Definitivamente estamos mejor. Esa sociedad era semicolonial, prácticamente con mecanismos de explotación semiesclavistas. Lo que [Julio] Cotler llamó “el triángulo sin base”: Arriba: los dominantes; abajo: los dominados, pero sin articulación. Hay más bienestar material. Lo que pasa es que nuestro punto de partida es tan bajo que todo lo que hacemos resulta insuficiente.

— Es una roca muy profunda, entonces…
Exacto. Sería injusto decir que no se ha avanzado. Los dilemas del Perú son tan enormes que una generación no los puede abordar completamente.

— ¿Qué rol juega Martín Vizcarra? ¿Crees que tiene páginas de un capítulo de una nueva historia o qué?
Basadre tenía un libro “El azar en la historia”, que contenía una frase extraordinaria: el azar es el ejecutor precipitado de una necesidad. ¿Qué es Vizcarra? El ejecutor precipitado de una necesidad. La vida, la historia, la guerra, las corrientes, las tempestades, los vientos que soplaron, lo pusieron en el sillón presidencial, sin que él se lo hubiese imaginado y, por supuesto, sin lo que hubiera querido. Pero una vez montado en el cargo, los vientos, las corrientes, han seguido moviéndose y él ha tratado –en lo que cabe– de soportar los vendavales y las tormentas. Es una personalidad bien intencionada en su propósito. ¿Tiene visión a largo plazo en el Perú? No tiene tiempo para pensar en eso. ¿La historia cómo lo juzgará? Como parte del azar de la historia.

Carta a la hermana que viaja

 Karin, buenos días: Previamente quisiera contarte algo a modo de confesión. Un día que llegué a casa, desde Tacna, le traje a Arturo una mo...